Ayuda del más allá

 
 

Intervenciones del otro lado

 

Son muchas las intervenciones de algo o alguien del más allá cuando una persona está en una circunstancia comprometida. Si dejaran que estos casos salieran a la luz y se divulgaran entre las masas, la nueva religión para el pueblo, “la ciencia”, estaría perdida y haría el ridículo si no saliera de los límites de la materia.

 

Para mantenernos alejados de la realidad mayor, los agentes de la Serpiente (la élite oculta) nos esconderán, a ser posible, todas estas intervenciones, quemarán bibliotecas que nos puedan abrir los ojos a una verdad más amplia no limitada a la materia, tal como hicieron hace unos pocos años con la biblioteca de la Dra. E. Kubler Ross, intentarán hacernos creer que lo que creímos que ocurrió fue una alucinación, que estamos locos, etc. Estos agentes no abordarán los porqués de los hechos que no pueden explicar con lo que su “ciencia” les enseñó como lo único cierto y tan solo marginarán estos hechos.

 

Muchas de estas intervenciones tan solo suponen el que la misión personal de alguien que aún tiene algo importante que hacer para nuestro mundo y para el Universo, ya que Todo es UNO, dista de concluirse, por lo que alguien de otra dimensión más sutil  interviene momentáneamente* para que no nos suceda algo que no habíamos planeado anteriormente junto con nuestros guías (algunos los llaman ángeles).

 

Las intervenciones de este tipo se cuentan por miles en nuestros días. Recuerdo el caso de un amigo que es bien conocido por sus investigaciones de lo paranormal quien de niño se estaba ahogando en el mar y algo le elevó y le empujó fuera del agua.

 
*a pesar de la regla de la no intervención que sigue la gente positiva de los otros mundos, sean más sutiles o no
 
 
 
 

Como ejemplo, mostraré una de las intervenciones que recogió Miguel Pedrero en su libro “Dios Existe”:

 

   --Más sorprendente todavía es la experiencia que le tocó vivir a Mise Martín. A principios de los años noventa, en un mes de julio, se encontraba de vacaciones en la localidad valenciana de Gandía cuando decidió darse un chapuzón en la playa del mismo nombre, situada cerca del puerto, y ocurrió lo que sigue:

Serían más o menos las cinco de la tarde, y había una mujer y su hija nadando junto a mí. Las nubes cubrían el cielo, por eso casi no había gente en la playa. El agua estaba en calma, pero de pronto se formó un remolino que incluso arrastró arena desde el fondo. Ellas lograron salir, pero ni siquiera se fijaron en que yo estaba en dificultades. Al principio no tuve ningún miedo porque pensé que no me resultaría muy difícil alcanzar la orilla. Pero me equivoqué. A pesar de todos los esfuerzos que hice, el remolino me iba arrastrando hacia dentro del mar. Cada vez veía la playa más lejos, como algo muy pequeño casi al final de mi campo de visión.

Rezaba para que apareciera algún barco o un helicóptero que me salvara, pero después de cuatro horas luchando en vano contra la corriente, me rendí. Estaba anocheciendo y yo perdí toda esperanza. Me acordé de mi madre y mi hermano, y comencé a escribirles una carta mentalmente, antes de abandonarme y dejarme caer al fondo. Acepté que en no demasiado tiempo me iba a ahogar, que mi vida terrenal había llegado a su fin. Entonces sentí un golpe muy fuerte en mi hombro derecho, como si me hubieran sacudido con una mano, pero sin ninguna compasión, e inexplicablemente me encontré en la orilla de la playa saliendo del agua. Estaba flexionada, con un pie en el agua y otro en la arena. No me lo podía creer. Miré para atrás, hacia todos lados, pero no vi a nadie. Lloré y recé, dando gracias a Dios por haberme dado otra oportunidad--

 
 
 
 
 
HAYDEN Y DORIS
Tomado de Carolyn Miller - Milagros, el libro de los casos

 

Cuando Hayden tenía doce años, su familia fue de vacaciones a Daytona Beach (Florida). Un día, el padre de Hayden tuvo que ausentarse para hacer unos recados, y Doris y la pequeña se quedaron a disfrutar del lujo de la inmensa playa desierta y el mar. Ambas chapoteaban en el agua, Doris dentro de un neumático y Hayden sosteniéndose en él por fuera, mientras charlaban animosamente, saboreando el placentero contraste entre el frío del agua y el calor del sol.

Hayden supone que perdieron la noción del tiempo, porque de pronto el agua se volvió turbulenta. Comprobaron entonces que sin quererlo se habían adentrado en el mar, pues la costa era apenas una línea en el horizonte: el viento las había empujado velozmente hacia mar abierto. En determinado momento aparecieron de improviso unas enormes olas que arrastraron a Hayden.

La niña, de apenas doce años, no sabía nadar muy bien, así que forcejeó para subir a la superficie y poder regresar hasta donde se encontraba su madre con el neumático. Doris también intentaba desesperadamente llegar hasta ella, pero la distancia entre ambas aumentaba cada vez más. Dominada por el pánico, Hayden comenzó a hundirse a medida que las altas olas se abatían sobre su persona. Una y otra vez era arrastrada hacia abajo, y apenas si lograba subir, casi asfixiada, hasta la superficie.

Por último, ya exhausta por su desigual combate con el mar, Hayden se dio cuenta de que no podía proseguir. Cuando ya estaba por abandonar la inútil lucha y dejarse llevar al fondo por las olas, apareció un hombre en el agua, a pocos metros de distancia. ¡En todo el tiempo que ambas llevaban en la playa no había habido ni un ser humano a la vista, y de repente aparecía a su lado un fornido nadador!

Doris y Hayden coinciden en que el hombre, de unos treinta y tantos años, tenía el pelo castaño, aunque no tuvieron tiempo de fijarse en mucho más ni de plantearse de dónde había salido. Hayden se abalanzó hacia la mano que él le tendía, pero no alcanzó a tocarla. Puesto que sólo le habían faltado unos pocos centímetros para aferrarse a ella, juntó las débiles fuerzas que le quedaban y volvió a intentarlo. Una vez más estuvo a punto de conseguirlo.

“Lo que no comprendía” –dice Hayden en la actualidad- era que en realidad él nos estaba llevando a ambas hacia la costa. Mamá y yo hacíamos un enorme esfuerzo por poder llegar hasta el hombre, y él, manteniéndose unos centímetros alejado de nosotras, de alguna manera nos estaba arrastrando hacia la orilla. Es decir, si bien estábamos muy adentro en el mar y nunca pudimos tocar la mano que él nos tendía, avanzábamos en dirección a la playa. ¡Y deprisa! De pronto noté que con los pies tocaba el suelo. En ese momento, el señor me alzó en brazos y me depositó sobre la arena.

“De inmediato empecé a vomitar toda el agua que había tragado. Mamá llegó corriendo tras nosotros, se arrodilló a mi lado y me sostuvo mientras me estremecía por las arcadas”

Ambas calculan que Hayden tardó alrededor de un minuto en expulsar toda el agua ingerida. Después alzaron la vista buscando a su salvador, pero allí no había nadie.

¡Absolutamente nadie! –aclara Hayden-. La playa y el agua estaban como antes; es decir, no se veía ni un alma en mil metros a la redonda.

“Recuerdo que se trataba de una playa muy llana, flanqueada por el mar y por un lugar de estacionamiento para coches que estaba completamente desierto. Yo estuve vomitando un minuto, a lo sumo dos, y te juro que ni un corredor profesional podría haber desaparecido de la vista en un lapso tan breve. No podía haberse ido a ninguna parte”.

“Mamá y yo estamos completamente seguras de que, antes de que empezáramos a hundirnos, no había nadie allí. El hombre salió de la nada y volvió a desaparecer. De alguna manera nos arrastró a las dos hacia la orilla, en contra del viento y de la corriente, sin tocarnos siquiera; me sacó en brazos del agua y después sencillamente se esfumó”

 

 

Carolyn Miller es doctora en psicología experimental en la especialidad de neurofisiología de la motivación y de la emoción. Durante sus quince años de docencia en cursos de grado y de posgrado, la Dra. Miller ha ayudado en la formación de centenares de psicoterapeutas.

 

 
 

UN ÁNGEL* EN NUEVA GUINEA

Tomado de Barry Hoare de Cairns, en Queensland, Australia.

 

En 1963 mi esposa y yo fuimos a trabajar como misioneros laicos en el Vicariato de Wewak en Papúa Nueva Guinea.

Estábamos apostados en una estación misionera llamada ‘Roma’ en la zona del río Sepik con un sacerdote irlandés, el Padre Patrick Hallinan.

Muchos fines de semana mi esposa y yo caminábamos a las estaciones misioneras cercanas para visitar al sacerdote o a las monjas.

En un fin de semana especial fuimos a una misión en Ulupu a unas cuatro horas y media a pie por el monte a visitar a un sacerdote llamado Padre Knorr.

Almorzamos con el padre, escuchamos algunos de sus relatos, y pasamos la tarde con él. Como la tarde avanzaba nos invitaron a pasar la noche, pero decidimos caminar a casa. Teníamos una linterna para ayudar a mostrar el camino porque la noche avanzaba. Poco después de salir de la estación de la misión y caminar cuesta abajo por un tiempo, cruzamos un pequeño río. Luego de cruzar este río apareció una tormenta muy fuerte, el cielo se oscureció y comenzó a caer una fuerte lluvia sobre nosotros.

Estuvimos bajo la lluvia durante un tiempo, que era totalmente oscuro y saqué la antorcha de mi mochila. Con la lluvia torrencial, la antorcha dio un par de destellos y la luz se apagó, dejándonos en la más completa oscuridad bajo la lluvia torrencial. Nos preguntábamos cuál era la mejor cosa para hacer, volver no era una opción debido a que [nos dimos cuenta] el pequeño río se convirtió en un torrente furioso.

Mientras estábamos pensando de repente me di cuenta de que algo ardía en lo alto de una colina a unos 150 metros por delante de nosotros -una luz muy brillante en la oscuridad. Empezamos a caminar hacia ella y mientras lo hacíamos la lluvia se detuvo. La luz se mantuvo y pronto nos encontramos con un hombre nativo que sostenía un iluminación ‘boom-boom’ – una rama de palma del cocotero, que da muy buena luz y arde por tal vez tres o cuatro minutos. Él habló con nosotros en Inglés pigin “yu go pela wer?” (“¿a dónde van ustedes dos?”). Respondimos que nos dirigimos a la estación de la misión de Roma. Luego nos dijo, en pigin, que nos llevaría por un atajo.

Y nos pusimos en marcha tras él y la rama de palmera que iluminada la selva. Fuimos arriba y abajo por unas colinas y atravesamos algunos arroyos pequeños. Dentro de lo que pareció un tiempo muy corto llegamos a la localidad de Saigisi a media hora de casa. Las nubes de la tormenta habían desaparecido y ahora había un cielo de luna iluminada. Todo el camino que había tomado cuatro horas y media se terminó ahora en alrededor de una hora.

No fue realmente sino hasta muchos años más tarde cuando empecé a reflexionar sobre el ministerio de los ángeles que todo este episodio vino a mi mente.

Durante nuestro recorrido con el guía puedo recordar su siempre cambiante luz boom-boom. Todavía puedo verlo de pie en la colina con la luz en la mano, nos hacía señas hacia él. No sentimos ninguna sensación de miedo mientras nos abría el camino y en la maleza de la selva. Quedamos asombrados por haber terminado tan rápido el viaje con él.

¡Qué Dios maravilloso que nos envía a sus mensajeros para cuidar de nosotros!”

Ellos vienen cuando hay desesperación, cuando hay una necesidad urgente. Son tan sutiles que su presencia es a menudo entendida sólo en retrospectiva. Y uno se ve que vino con ¡una antorcha de cuatro minutos que duró una hora y ardió en la lluvia!

 
*ángel o aggelos, realmente significa enviado
 
 
 
LAS INTERVENCIONES INEXPLICABLES DE SERES DEL MÁS ALLÁ NO SON ALGO PRIVATIVO DE LAS DISTINTAS RELIGIONES, ES DECIR, ESTAS INTERVENCIONES PUEDEN SUCEDERLE A UNA PERSONA DE CUALQUIER RELIGIÓN. 
  Para que existan posibilidades de que se produzcan es importante pedirle a Dios o a otro ser de elevado nivel que nos salve y tener gran deseo de seguir viviendo por alguna razón importante, de carácter altruista principalmente; si aún no era la hora de alguien a quien le queda algo importante por hacer en su vida, entonces no hará falta el pedir; de hecho, a nadie le da tiempo a pedir cuando se da el caso de que alguien nos detiene justo antes de que algo caiga que nos hubiese matado o malherido.
  También es importante para recibir ayuda, además de pedirlo a Dios o a un Ser Superior, el comprometerse a hacer algo positivo, de bien para alguien o para todo el mundo, en caso de ser salvado, esto es, una promesa.
  NO IMPORTA QUE LLEVEMOS CON NOSOTROS EL ENGAÑO DE PEDIRLE A UN DIOS AJENO A NOSOTROS; CUANDO PEDIMOS REALMENTE QUIEN ESCUCHA ES NUESTRO DIOS INTERIOR O NUESTRO YO SUPERIOR.
 
 

 

SALVADO EN EL MAR

 

En abril de 1993, Don Spann y John Thomson zarparon del puerto de Charleston, en Carolina del Sur, en el barco de cuarenta y seis pies de Don, el Perseverance, para hacer un crucero de rutina de dos días hacia Fort Lauderdale, Florida.

  Sin embargo, en la mitad del segundo día se nubló y el océano se puso agitado. John T. estaba al timón mientras que Don se hallaba sentado en la popa. Irónicamente, aunque Don siempre hacía hincapié a los empleados de su compañía, Span-America, sobre las medidas de seguridad, su chaleco salvavidas estaba a un costado del asiento.

  El velero se mecía violento sobre las olas. Don se había puesto de pie cuando una enorme ola golpeó sobre cubierta. Sin equilibrio rodó hacia uno de los costados del barco, golpeó la plataforma trampolín y se cayó a las aguas del océano.

  El Perseverance ya había pasado cuando Don salió a la superficie. Frenético, hizo un fuerte silbido, señas con los brazos y gritó.

  -¡John T.! ¡Estoy aquí! ¡Vuélvete! -Pero la embarcación siguió su camino, con John T., que miraba hacia adelante y no se había dado cuenta de la caída de Don. Don lo observó durante el paso de cinco o seis olas más, oyó un poco más el motor. Después se hizo el silencio. Era el sonido más solitario que jamás hubiera oído.

  Con seguridad, John T. descubriría su ausencia y regresaría. Don oteó el horizonte, recordando su entrenamiento en la marina para luchar contra el pánico, y esperó. Pasaron diez minutos y nada sucedió.

  ¿Qué es lo que haré? La temperatura del agua era lo suficientemente baja como para causarle hipotermia, si no se mantenía en movimiento. ¿Por cuánto tiempo podría mantenerse en el agua? ¿Y no sufriría un calambre o, peor, atraería a algún pez vela o a los tiburones? Qué sucedería si se ahogaba o era destrozado por algún pez y después mi cuerpo aparecía en la playa? ¿Cómo soportaría su familia un trauma así?

  Se quitó los zapatos, para tratar de usarlos como flotadores, pero lo único que logró fue que se llenaran de agua. Los dejó que se fueran. Ahora le costaba más respirar y se le hacía más difícil flotar, tanto de espalda como sobre el estómago. Habían pasado veinte minutos. Veinticinco ...

Hacía mucho tiempo que Don no pensaba en Dios. Ahora le rezó en voz alta.

-Dios -le dijo mientras las olas le pasaban por encima-, estás usando medidas muy drásticas para llamarme la atención. Siento no haber tenido la suficiente inteligencia como para escucharte. Si Tú me dejas vivir, yo cumpliré la misión que me encomiendes, sea lo que fuere.

  Después de esto, Don oyó una voz en su interior. ¿Era Dios? No, esta voz era seductora, incluso provocaba miedo.

  -No -le susurraba la voz-, no saldrás de esta situación. ¿Por qué no te relajas y mueres pacíficamente?

  Don no le prestó atención. Aunque volvió a oírla, esta vez más insistente.

-Ríndete, ríndete ...

  -¡No! -le contestó Don en voz alta-. ¡Lucharé! -¿Cómo?

  Hacía mucho tiempo que estaba en el agua y se sentía más frío y lento. Se hundiría pronto, por última vez?

  -Vamos, Don -la voz insidiosa lo estimulaba una vez más--. Sería tan fácil...

-No lo haré -dijo Don con los dientes apretados y temblando. Sabía que estaba siendo tentado en la muerte, así como sucede en la vida. Pero casi inconscientemente se tomaba del puerto seguro que había conocido hacía tanto tiempo. Dios, quédate conmigo ahora, rezó.

  -¡No me rendiré! -le gritó a aquel enemigo sin nombre-. ¡Incluso si me encontrara a metros de profundidad!

  Su voz hizo eco en las olas. De alguna forma supo que la voz insidiosa se había ido. Volvía a estar solo.

  Había pasado ya casi una hora y lentamente Don comenzaba a hundirse. Por momentos pensaba que estaba por encima de las olas, sólo para abrir los ojos y darse cuenta de que estaba debajo. Esa fue la razón por la que, primero, no estuvo seguro de oír el ruido de un motor. Después, como si estuviera soñando, divisó algo que se movía hacia él. Al principio tenía unos pocos centímetros de largo... ¡un barco, con una figura al timón -John T. oteaba el horizonte con unos binoculares!

  -Lo oí gritar mi nombre con entusiasmo, y supe que me había visto -dice Don-. Creo que por un momento perdí el conocimiento. El grito de John T. me despertó.

  -¡Toma la cuerda!

Exhausto, Don alcanzó a tomar la cuerda, enroscándosela en el brazo, ya que estaba demasiado débil como para asirse de ella.

  --Recuerdo haber sido arrastrado por el agua y quedar enredado -dice Don. ¡No podía salir! Luego sintió unas manos fuertes que lo tomaban de su bíceps y antebrazo derechos, sosteniéndolo. ¡John T! ¿Por qué se había metido en el agua? ¿Quién timoneaba el barco?

  Y ahora había un segundo par de manos del otro lado, que lo tomaban de su bíceps y antebrazo izquierdos. Las manos parecían empujarlo, impulsándolo a través de una increíble distancia. ¿Dónde había John T. encontrado a otra persona para que lo ayudara?

  De alguna forma, Don apareció debajo de la escalerilla y John T. le gritaba:

-¡No te sueltes! ¡No te sueltes!

  Don no podía hacerle caso. Sus músculos exhaustos, congelados, se negaban a responderle. Después de todo, se ahogaría aquí. .. Entonces sintió unas manos firmes debajo del agua, que le colocaban un pie sobre el peldaño inferior. Unas manos fuertes lo empujaban por las nalgas.

  -De repente, yo estuve parado sobre la escalerilla -dice-. y John T., que pesa casi veinte kilos menos que yo, me dio la vuelta y me arrastró hasta subirme al barco.

  Un helicóptero de la guardia costera colocó por fin a Don en una camilla, lo sacó del Perseverance y lo llevó al hospital de la Universidad de Jacksonville, donde permaneció internado durante cuatro días, para ser tratado por las consecuencias de la hipotermia. Sólo más tarde Don recordó los extraños acontecimientos que rodearon el rescate.

  -John T. -le preguntó al otro día-, ¿quién ayudó para subirme al barco?

John T. frunció el entrecejo. -¿De qué estás hablando?

  -Sé que estuviste en el agua con alguien más, porque sentí otro par de manos que me sostenían --explicó Don-. En realidad, yo no pude subir la escalerilla y ustedes dos me empujaron.

  John T. mostró una expresión extraña.

  -Yo no me metí al agua, Don -dijo él-. Te subí desde la plataforma del trampolín. Y estaba solo.

  Hoy, Don está sano y ya ha regresado al timón de su barco y a su vida normal.

  -No sé por qué me salvé de la tentación y de la muerte --dice-. Pero siento que debo prestar atención y esperar a que se me muestre qué debo hacer. -y mientras espera, agradece. A John T., por su habilidad y coraje.

  Y a las manos celestiales que vinieron en respuesta a sus oraciones.

 

 

Joan Wester Anderson - Cuando suceden los milagros
 
 
 
 

Recuerdo que esa tarde iba a visitar a mi abuela. Salí de casa con la intención de tomar el colectivo (pequeño autobús). Sólo tenía que cruzar una carretera y llegar a la parada. Como de costumbre, miré a derecha e izquierda, comprobé que no venía ningún automóvil y me dispuse a pasar. Di cuatro pasos cuando, de pronto, “algo” me agarró por la chaqueta con una fuerza tremenda. Me quedé clavado, sin poder avanzar, y en ese momento pasó a menos de un centímetro de mi nariz un camión enorme, de esos que sirven para desatascar las alcantarillas. No te exagero, a menos de un centímetro. Inmediatamente escuché los alaridos de varias vecinas que pensaron que el camión me había pasado por encima. ¡El hijo de la señora Juana!, gritaban. Se acercaron a mí llorando, hasta que comprobaron que estaba perfectamente, sin un rasguño. No sé de dónde demonios salió ese tráiler, pero lo que tengo claro es que alguien invisible evitó mi muerte.

 
Gloria Alonso
 
 

 

Historia de Margaret y su marido, Paul

 

Una noche, él salió a pasear con el perro por un jardín cercano a la vivienda familiar mientras ella se encontraba en el porche. A pesar de la distancia, veía perfectamente a su esposo y al can a lo lejos. Entonces escuchó una voz que decía “¡Paul!”. Según Margaret, era una voz de hombre, la más dulce que haya escuchado jamás. Estaba pensando en cómo reaccionar cuando de nuevo se hizo audible el nombre de su marido: “¡Paul!”. La mujer vio cómo este se paraba en seco, como si también hubiera oído la llamada, y entonces observó que un árbol enorme se precipitaba hacia el suelo, muy cerca del hombre. Este regresó de inmediato a casa, reconociendo que, efectivamente, había oído en dos ocasiones que lo llamaban por su nombre. En la última ocasión se quedó quieto y eso evitó que el árbol se desplomara sobre él.

 

Por donde los ángeles caminan – Joan Wester Anderson
 
 
 
 

Betty Malz, autora y estudiosa sobre temas de ángeles y ayuda del más allá nos dice:

 

“La protección angélica nunca se produce cuando la gente viola deliberadamente las leyes de la sociedad o inclusive la ley natural, por ejemplo, arriesgándose con la velocidad de una autopista o robando o abusando de otros. Seguir la voluntad equivocada o ponerse en peligro y esperar que Dios nos rescate, dice Malz, nos aleja de la zona de seguridad en la cual operan los ángeles”.

 

Ella y otros creen, sin embargo, que la gente puede interceder por nosotros y tal vez conseguirnos ayuda espiritual.

Muchas historias confirman la observación de B. Malz: los receptores estaban pidiendo ayuda o de algún modo estaban sintonizando con el reino celestial cuando se produjo la ayuda. Algunos sugirieron una teoría similar: a menos que deliberadamente invoquemos su ayuda, los ángeles pueden ayudar sólo de un modo limitado.

 

Tal como apunté anteriormente, no es necesaria petición alguna de ayuda en caso de peligro si claramente no ha concluido  la misión por la que vinimos a este mundo: un contrato de antes de nuestro nacimiento. Ni nuestros guías (seres del más allá que conocen lo que es encarnarse en nuestro mundo y están a nuestro servicio) ni los seres protectores a los que llamamos ángeles (seres del más allá que nunca estuvieron encarnados) pueden hacer algo en contra de un contrato que tuviéramos establecido antes de nacer.

En todo caso, es importante pedir ayuda a los seres de Luz del otro lado en caso de ver nuestra vida en peligro y, si uno es un ser de bien, puede recibirse esa ayuda; los seres de bien del otro lado no pueden inmiscuirse en nuestros asuntos sin haber solicitado ayuda.

 

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Joan Wester Anderson, una conocida conferenciante y escritora acerca de los ángeles y la ayuda de seres del más allá, comenzó su andadura tras un caso que la afectó directamente, al recibir ayuda su hijo:

 

Era medianoche pasada del 24 de diciembre de 1983.

 

El medio oeste se veía azotado por una ola de frío que batía todos los récords, acompañada de vientos muy fuertes y tuberías de agua congeladas.  Aunque nuestro hogar en los suburbios de Chicago estaba inundado de los plácidos sonidos de una familia que descansaba, yo no podía formar parte de ella, no hasta que mi hijo de veintiún años entrara en el garaje. En ese momento Tim y sus dos compañeros de cuarto estaban camino a casa por Navidad. Era su primer viaje desde que habían partido al Este en mayo.

“No te preocupe mamá, había dicho Tim la noche anterior por teléfono. Vamos a salir antes de que amanezca para hacer el camino de un tirón. ¡Vamos a estar bien!”

Jóvenes. Hacen cosas alocadas. En circunstancias normales, supuse, el tramo entre Connecticut e Illinois les debería llevar unas dieciocho horas. Pero el clima se había vuelto tan peligroso y tan frío que los informes de radio advertían que nadie se aventurara a salir al exterior, aunque no fuera más que por unos breves instantes. No sabíamos nada de los viajeros. Angustiada, los imaginé en un camino desolado. ¿Y si tuvieron problemas con el automóvil o perdieron la ruta? ¿Y si se habían demorado, por qué Tim no había llamado? Caminaba sin descanso y oraba en la forma en que solemos hacerlo todas las madres: ¡Dios, envía a alguien para que los ayude!

Para ese entonces, como supe más tarde, el trío se había detenido brevemente en Fort Wayne, Indiana, para dejar a Don en casa de su familia. El sentido común sugería que Tim y Jim se quedaran allí durante la noche y retomaran el camino por la mañana. Pero ¿cuánto prevalece el sentido común con jóvenes que se creen invencibles? Sólo faltaban cuatro horas de viaje para llegar a casa. Aunque era la noche más fría en la historia de Medio Oeste y las autopistas estaban nevadas y desiertas, los dos habían retomado la ruta.

Sólo habían recorrido algunos kilómetros en un camino rural de acceso a la autopista de Indiana, cuando se dieron cuenta de que el motor del automóvil agonizaba, pues tosía cada tanto y no podían aumentar la velocidad a más de veinte o treinta kilómetros por hora. Tim miró a Jim con cierta incomodidad. “No”, se oyó la voz del locutor de radio, “repito, no se atrevan a salir esta noche amigos; hace una temperatura récord de 20 grados bajo cero, lo que significa que la piel expuesta a la intemperie se congelaría en menos de un minuto.” El auto pareció revivir de pronto, pero volvió a toser y disminuyó su velocidad.

-Tim, dijo Jim en la oscuridad-, ¿no vamos a detenernos aquí, verdad? No podemos, respondió Tim, con voz sombría, mientras trataba de acelerar. Moriríamos.

Pero en lugar de adquirir más velocidad, el motor escupió otra vez y disminuyó aún más su paso. Dos kilómetros después, en la cima de una pequeña pendiente, el auto se detuvo por completo.

Horrorizados, Tim y Jim se miraron en la oscuridad interior. Podían ver a través de los campos en todas direcciones, pero, aunque pareciera increíble, el de ellos era el único vehículo a la vista. Por primera vez, enfrentaron el hecho de que estaban en gran peligro. No había tráfico, ni un refugio en las cercanías, ni siquiera la luz de una granja brillando a la distancia. Era como si hubieran aterrizado en un planeta extraño, cubierto de nieve.

¡Y ese increíble frío! Tim no había experimentado en toda su vida nada tan intenso. No podían correr en busca de ayuda; de eso estaba seguro. Jim y él eran jóvenes y fuertes, pero, aunque el refugio estuviera a corta distancia, no sobrevivirían. La temperatura los mataría en cuestión de minutos.

-Pronto vendrá alguien, murmuró Jim, mirando en todas direcciones-; están obligados.

-No lo creo, replicó Tim-, ya oíste la radio. Nadie está fuera esta noche… excepto nosotros. Entonces, ¿qué vamos a hacer?

–No sé.- Tim trató de encender de nuevo el motor, pero la llave giró en silencio. El frío que calaba los huesos había penetrado en el interior del automóvil, y sus pies se estaban entumeciendo. Bien, Dios, oró, como un eco de mi súplica a la distancia, Tú eres el único que puede ayudarnos ahora.

Parecía imposible permanecer despierto por mucho tiempo más… De pronto, como si hubieran deslizado ya en el sueño, vieron las luces de un vehículo que brillaban atrás y a la izquierda de su automóvil. Pero eso era imposible porque no habían visto los haces de luz a la distancia, tampoco un acercamiento esperanzador. ¿De dónde había salido el vehículo? ¿Ya estaban muertos?

Pero no, pues milagrosamente alguien estaba golpeando la ventanilla del conductor.

-¿Necesitan que los remolque?- Sin mucho convencimiento, escucharon los gritos apagados por el vidrio. Pero era verdad; su salvador traía un camión grúa.

-¡Sí! ‘Sí, gracias!- De inmediato aceptaron los dos mientras el conductor, sin decir nada más, colocó el camión delante del automóvil y lo ató con cadenas. Como no había talleres abiertos a esa hora, le pidieron que los llevara de regreso a la casa de Don, donde podrían pasar el resto de la noche.

Cubierto casi por completo por un chaquetón forrado de piel, una capucha y una bufanda subida hasta los ojos, el conductor asintió a su requerimiento, pero no dijo nada más. Parecía estar muy tranquilo. Los jóvenes lo notaron al verlo trepar a su camión, despreocupado por las circunstancias amenazadoras en las que los había encontrado. “Qué raro que no sienta curiosidad por nosotros, reflexionó Tim, y que ni siquiera nos haya explicado de dónde venía o cómo logró aproximarse sin que lo viéramos…” ¿Había un letrero al costado del camión? Tim no había visto ninguno. “Nos va a cobrar mucho dinero en una noche como esta. Tendré que pedirle dinero prestado a Don o a su padre…” Pero Tim estaba exhausto por la odisea y, poco a poco, mientras se recostaba en el asiento, comenzó a pensar en otra cosa.

Pasaron por dos gasolineras cerradas, se detuvieron para alertar a Don desde un teléfono público y pronto llegaron al ya familiar barrio de Fort Waine. En silencio, con las luces navideñas ya apagadas y las familias dormidas, la calle de Don parecía la más hospitalaria que hubieran visitado en su vida. El conductor maniobró con cuidado en la rotonda que estaba delante de la casa de Don. Entumecidos por el frío, Tim y Jim corrieron a la puerta lateral donde Don los esperaba e irrumpieron en la cálida cocina, por fin a salvo.

Don cerró la puerta para que no entrara la ventisca helada.

-Hey, ¡qué pasó?, comenzó a preguntar-, pero Tim lo interrumpió

-El conductor del camión, Don… tenemos que pagarle-. Necesito que me prestes…

-Espera un momento-; Don frunció el entrecejo y miró a través de la ventana; yo no veo ningún camión allí afuera.

Tim y Jim se dieron la vuelta. Allí, estacionado contra la acera, sólo estaba el coche de Tim. No había habido ningún ruido en la noche cristalina que indicara el momento en el que el extraño soltaba las cadenas, o que una puerta se cerraba, ni el sonido inconfundible de un motor alejándose. Tim no había tenido que pagar ninguna factura ni firmar ningún recibo, no había habido despedida ni “gracias” o “Feliz Navidad”… Atónito, Tim volvió a correr hasta la acera, pero no había luces traseras desapareciendo a la distancia ni ruido de motor en la calle silenciosa, nada que señalara la presencia de un camión.

Entonces Tim observó las huellas de las ruedas en la nieve. Sólo había dos marcas en la curva que llevaba a la casa de Don y pertenecían al automóvil de Tim…

 

Tomado de "Por donde los Ángeles caminan", de Joan Wester Anderson
 
 
 
 
En ocasiones la ayuda del otro lado implica desmaterialización y rematerialización de una persona o más.
Tal es el caso con la canalizadora de su hijo, Suzanne Ward*.
 
 

Su hijo, desde el otro lado le manifestó:

 

La luz que te dije que se está dirigiendo hacia tu trabajo para que acabe siendo una publicación proviene de una gran cantidad de fuentes en este reino y más allá.

Te doy otro ejemplo más dramático: piensa en el aterrador accidente que tuviste poco después de que aprendieras a conducir. Tu ángel guardián llamó a otros ángeles para que lo ayudaran a desmaterializar el coche, a ti y tus amigas una fracción de segundo antes de esa colisión, que gracias a estos ángeles nunca ocurrió. Cuando pasó el peligro, transmutaron tu energía y la de tus amigas y las regresaron a su densidad normal y devolvieron el coche a su masa habitual también. Os rematerializaron a todas.

¡Eso es asombroso Matthew! Siempre pensé que en ese momento estaba en shock y que por eso no entendía por qué no habíamos chocado. Aún me sorprende que sepas tanto acerca de mi vida, especialmente cosas como estas, en las que no había pensado durante décadas.

 

Tomado de “Cuéntame cómo es el cielo, de Suzanne Ward”
 
 
 
 
Joan Wester Anderson en ‘Por donde los Ángeles caminan’ nos narra también este caso con desmaterialización:

 

La esposa de un ministro (de la Iglesia Protestante, se entiende) me contó de un viaje que hizo por el corazón de Kentucky. En un tramo de dos carriles se encontró atrapada detrás de un camión que transportaba carbón y, después de espiar con mucho cuidado, se lanzó a adelantarlo. Horrorizada, vio que otro camión enorme venía hacia ella.

El conductor del camión de carbón vio mi problema y se apartó hacia la derecha todo lo que pudo, pero no iba a haber suficiente espacio para que pasaran tres vehículos ni tampoco suficiente tiempo para que yo volviera a mi carril, relata. Petrificada, esperó el choque inevitable.

Pero cuando se aproximaba el camión que venía por el carril opuesto, este se desvaneció de la vista.

Conmocionada, volvió a ponerse detrás del camión de carbón, controlando por el espejo retrovisor. El otro camión no estaba allí. “Éramos cinco en el auto, me dijo. Todos nosotros vimos al camión que venía. Ninguno de nosotros vio lo que sucedió.”

 
 
 
 
 
LO MULTIDIMENSIONAL E INTERACCIÓN CON NUESTRA REALIDAD
 

¿Cómo analizar lo multidimensional desde un ámbito tridimensional? No se puede llevar lo multidimensional a una probeta o al laboratorio, pues excede lo que comprendemos; es algo que resulta intangible para nosotros. Nunca podremos explicar lo multidimensional sin antes ampliar nuestra mente. Aquellos que tan solo creen en la materia, tal vez guiados por la ciencia para los seres de la granja humana, nunca podrán comprender el fenómeno OVNI y siempre acabarán negándolo, tal como los dueños de la granja quieren que hagamos.

Los OVNI son los soportes físicos materializados para que unos seres de otras dimensiones interaccionen con nuestra realidad; esa materialización será temporal y durará mientras los seres que los manejan así lo decidan. Los OVNIS de seres muy evolucionados son dispositivos que son uno con la mente de los seres que los manejan, pues proceden de su mente que es la que los materializa; estos dispositivos no pueden tener deficiencias en su funcionamiento.

Los OVNIS que proceden de seres no tan evolucionados sí pudieran fallar. En caso de una seria avería de uno de estos ingenios, el OVNI pudiera permanecer en nuestra dimensión sin posibilidad de desaparecer; es entonces cuando se encontrará en peligro de caer en manos de los seres primitivos de la Tierra. Pero aún en manos de estos seres primitivos lo normal es que estos dispositivos permanezcan sin poder ser comprendidos; es fácil que no puedan penetrar en ellos los primitivos, pues no verán lugar alguno por el que acceder*, ninguna puerta ni ventana, y aunque lograran acceder por una puerta que se abra no lograrían comprender su tecnología, ni aún estudiándola con microscopio en sus laboratorios.

La mayoría de los OVNIS que podamos haber visto en alguna ocasión son de los que pertenecen a gentes de la Tierra, gentes de las que hace unos 400.000 años ganaron la Tierra para ellos, seres de la Oscuridad que ganaron a seres de Luz en una guerra en nuestros cielos en aquellos tiempos; estos seres viven bajo tierra y esos seres bajitos a los que llamamos “grises” tan solo son esclavos programados de los auténticos señores, unos seres que se han estado aprovechando de nosotros desde entonces.

Existen multitud de naves que pertenecen a seres de Luz, y están en la Tierra o alrededor de ella; actualmente vigilan nuestro planeta millones de estas naves, pero no las veremos; aunque se rebajen hasta vibrar en nuestra dimensión, permanecerán ocultas bajo mantos de invisibilidad; las gentes de bien nunca osarían interferir en nuestro libre albedrío y dejarán siempre que quienes decidieron permanecer ciegos a todo lo que les sobrepasa sigan ciegos para que progresen a su paso. Tan solo en caso de alguna catástrofe inesperada e inevitable pudieran materializarse ante nosotros. Pero ocurre que han estado los seres de Luz evitando todo tipo de calamidades mayores a fin de darnos más tiempo, pues hace no muchos años la Oscuridad predominaba sobre la Luz en la Tierra. Ahora han cambiado bastante las cosas. Nos han ayudado aquietando a nuestro astro rey, el Sol; nos han ayudado también estabilizando a la Tierra en su órbita. Necesitábamos más tiempo. Pero ahora creo que están sorprendidos y hasta orgullosos de nuestra evolución muchos de estos seres y quienes están perdiendo esta vez son los seres de la Oscuridad.

Una era de bien llegará a la nueva Tierra y por fin podremos disfrutar de un largo periodo en el que las cosas serán muy diferentes, mucho más positivas.

 

*esto es lo que ocurría con alguno de los OVNIS capturados por haber fallado algo en ellos
 
 

Los casos de intervenciones de seres del más allá ocurren a diario y se cuentan por millares. Si no nos han llegado estos casos es porque se nos ocultan con gran celo; no les conviene a los que hasta ahora fueron dueños de esta granja humana que sepamos acerca de estas cosas. Tan solo les interesa que si algo se sale de la Matrix como mucho llegue a conocimiento de unos pocos, los más allegados a quien experimentó cada caso. Si por un casual un caso llega a ser conocido por mayor número de personas de las que a ellos les interesa, los agentes de esa élite oculta tratarán de encuadrarlo dentro de los parámetros de algunos de sus engaños, como la ‘pseudo-ciencia’, la ciencia que dejan que nos llegue a nosotros, o dentro de una religión, la religión correspondiente al lugar donde ocurrieron los hechos: intervención de Jesús, de Jehová, de Mahoma, etc. Lo importante para ellos es que nunca sospechemos que nosotros formamos parte de una ‘realidad mayor’, algo que nos trasciende y que todo nuestro entorno forma parte de un gran engranaje que funciona proporcionándonos una sincronicidad.

Si algo no estaba previsto, es fácil que sea abortado, protegiéndose a alguien de una forma solapada, sin que muchos de nosotros nos demos cuenta, pues el progreso adecuado en nuestra evolución espiritual sin interferencia por parte de seres de otros planos cuenta, y cuenta mucho.

 

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UNA VISITA A LA ETERNIDAD

Betty Malz

 

Betty Malz murió a las 5,00 de la madrugada y a las 5,28 retornó a la vida.

La sorprendente historia de una mujer que visitó el más allá.

 

 

... Puede ser que a su hija le queden solamente horas de vida. Probablemente este es el mal menor que pudiera suceder. Se sospechaba que el cerebro había quedado lesionado irreversiblemente y que alguno de los órganos vitales comenzaban un proceso de gangrena. De salvar la vida, explicó el facultativo, seguramente no podía quedar normal.

Cerca de las cinco de la mañana el teléfono despertó a mi madre.

Sra. Perkins, siento tener que llamar a estas horas intempestivas, pero tengo malas noticias para Ud.  Su hija Betty ha fallecido hace escasos minutos.

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Los recuerdos de aquella tarde los tengo borrosos. Apenas me quedó la imagen de una habitación llena de gente, mientras yo debía haber ya entrado en coma, también recuerdo haber recobrado el conocimiento. Vagamente me di cuenta cuando mis padres abandonaron la habitación. Tuvo que ser alrededor de las cinco de la mañana cuando las funciones vitales de mi cuerpo se detuvieron.

En este momento no había nadie a mi lado para poder avisar a los equipos de emergencia. La experiencia de transición fue serena y apacible.

Me hallé caminando y ascendiendo una verde y hermosa colina. Era empinada pero no se necesitaba esfuerzo alguno para subir. Mi cuerpo entró en un agradable éxtasis y quedé inundada de paz. A pesar de haber sufrido tres incisiones en mi cuerpo por las tres operaciones, me sentía sin dolor, erecta, satisfecha de mi esbeltez y sin inhibición alguna. Me contemplé a mí misma, vi mis pies desnudos pero la totalidad de mi figura quedaba desdibujada y descolorida. Sin embargo caminaba sobre el césped, una clase de hierba que nunca antes había visto.

Cada hojita, como de dos centímetros de largo, una igual a la otra formando una blanda alfombra semejante al terciopelo. Como empujada por una brisa, la hierba se movía y al andar me comunicaba vida que percibía en cada paso que daba sobre la colina.

«¿Será esto la muerte?», me pregunté. De ser así, nada tengo que temer.

No había oscuridad, ni incertidumbre, solamente un cambio radical de ambiente y una sensación de total bienestar. Entorno mío había un impresionante cielo azul en todas direcciones, sin una sola nube. Observando a mi alrededor no vi ningún camino o sendero, sin embargo parecía saber por dónde tenía que ir. Luego me di cuenta de que no caminaba sola. A mi izquierda, no lejos de mí, me acompañaba un ser alto, de aspecto varonil vistiendo una túnica blanca. Pensaba que podría ser un ángel y traté de descubrir sus alas. Mas él estaba de pie de cara a mí, flotando y no pude verle la espalda.

Me di cuenta de que aquel ser tenía la facultad de trasladarse de un lugar a otro sin andar y rápidamente. No nos hablamos. Daba la sensación de que no era necesario, pues los dos seguíamos la misma dirección. Al poco rato pude comprobar que la compañía me era familiar. El me conocía y yo me sentía identificada con él. ¿Dónde nos habríamos visto antes? Realmente no parecía ser la primera vez en encontramos. ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Al andar juntos no vi el sol por ninguna parte y sin embargo había luz radiante por todos los lados donde alcanzaba mi vista. A mi izquierda distinguí a lo lejos flores de diversos colores. También árboles y arbustos. A mi derecha había una pared de piedra muy alta.

Hacía años que había escalado hasta la cumbre el Paso de Logan, en el glaciar del Parque Nacional, disfrutando del aire fresco, una vez habíamos coronado la escalada de la montaña con nieves heladas en la cumbre. Recuerdo que allí también había flores nacidas en medio de la nieve. Mis piernas quedaban resentidas al coronar la excursión y sentía agujetas. Pero esta escalada era diferente. Mis piernas no sentían cansancio alguno y la temperatura no molestaba en absoluto. No había nieve, sin embargo parecía estar subiendo a gran altura. Sin tener explicación del porqué, parecía ser primavera.

Mis emociones eran un conglomerado de juventud, serenidad, realización, salud, plena consciencia, tranquilidad. Me sentía como poseyendo todo lo que había aspirado tener. Como haber llegado hasta el fin de todas mis aspiraciones y deseos. Aquella pared a mi derecha ahora era más alta, estaba hecha de muchas y diferentes piedras preciosas.

Una luz procedente de la otra parte de la pared hacía pasar los rayos a través de las piedras de color ámbar. Pensé que era topacio. Me acordé de esto en la época que trabajé en la joyería Edwards en New Castle, Indiana, antes de casarme con John. En el momento de alcanzar la cumbre de esta montaña, escuché la voz de mi padre invocando, "Jesús... Jesús... Jesús." Sus palabras resonaban como viniendo de muy lejos. Me sentí tentada a regresar para ir a su encuentro, pero no lo hice porque algo dentro de mí me decía que mi destino era otro.

Continuamos andando por nuestro camino en silencio, solamente podía escuchar el suave murmullo de una brisa que movía las vestiduras blancas del ángel que marchaba a mi lado.

Llegamos a una grandiosa estructura de plata. Era como un palacio con la única excepción de que no tenía torres.

Al entrar escuché voces. Voces melodiosas, en perfecta armonía, alternando con coros y destacando la palabra, «Jesús.» Había más de cuatro grupos de diferentes voces. No solamente escuché las canciones sino que me hallé cantando conjuntamente con los que las interpretaban. Siempre he tenido un cuerpo marcadamente de mujer pero mi voz solamente se acoplaba a la de los varones por mi bajo tono. De repente me di cuenta de que estaba cantando con la voz que siempre había deseado tener... con tono y claridad de una tiple. Al cabo de un tiempo la música perdió su intensidad y las voces del coro invisible comenzaron otras canciones. El conjunto, no solamente interpretaba a más de cuatro voces sino que eran varios los idiomas en que se expresaba. Quedé maravillada de la perfección en que todo quedaba conjuntado, y lo más extraño, ¡les podía entender perfectamente! No sé como esto fue posible. Nunca hallé una explicación racional a no ser que, de alguna manera, llegué a ser parte de una experiencia universal.

Mientras el ángel y yo caminábamos juntos, sentí que podíamos ir donde deseáramos y nos trasladábamos instantáneamente al lugar de destino. La manera de comunicamos entre los dos era con la proyección del pensamiento. Las palabras concebidas en cualquier idioma eran todas inteligibles, no sé cómo ni puedo explicar los detalles. Me daba la sensación de hallarnos todos en una onda universal. En un momento pensé, «Nunca olvidaré esta melodía y estas palabras.» Pero más tarde solamente pude recordar dos términos: «Jesús» y «redimidos.»

El ángel dio unos pasos al frente y depositó una palma que llevaba en su mano sobre una puerta que teníamos delante y que no había visto hasta aquel momento. Tenía como doce pies de altura (5 m), el material de la misma era una sólida perla, no tenía abridor y estaba adornada con unos detalles semejantes al arte gótico. La perla era traslúcida, de manera que se podía distinguir algo de la otra parte, pero no muy bien. Se notaba que la atmósfera interior era pura. Lo miraba como en éxtasis y sentía el deseo y la alegría de penetrar dentro de aquella maravillosa mansión. Cuando el ángel puso su palma encima de la puerta, apareció un abridor en el centro de la misma. El panel de perla lentamente fue clareando como si se deshiciera a mi presencia. Finalmente desapareció y pude ver en su interior una calle de oro con un lago de agua o cristal a un lado. Había una luz amarillenta llenándolo todo.

No encuentro palabras para describirlo tal como era. No pude ver ninguna figura humana, pero de pronto tuve consciencia de una Persona. En seguida supe que la luz era Jesús, la Persona era Jesús. No tenía necesidad de moverme. La luz me invadía de manera inefable. Daba la sensación de poseer el dulce calor que proporciona el sol en una tarde de invierno; mi cuerpo comenzó a reflejar esta luz. Cada parte de mi persona absorbía luz.

Me sentí bañada por aquellos poderosos rayos luminosos, penetrantes, llenos de energía de amor. El ángel me miró y me transmitió el pensamiento:

 «¿Te gustaría entrar más adentro y quedarte con ellos?»

Deseé con todo mi ser entrar, sin embargo estaba indecisa. ¿Podía escoger y decidir?

Al momento recordé la voz de mi padre. Tal vez sería mejor regresar y encontrarme con él.

«Me gustaría quedarme un poco más y continuar cantando para después regresar por la colina que hemos venido» fue mi respuesta final. Traté de decir algo más, pero ya era demasiado tarde.

Las puertas lentamente se solidificaron de nuevo quedando hechas una sólida perla y nosotros comenzamos a descender por la colina. Ahora la pared de piedras quedaba a mi izquierda y el ángel caminaba a mi derecha. Entonces vi el sol levantarse de detrás del muro. Esto me sorprendió porque el cielo estaba iluminado antes de que saliese y parecía como si el tiempo no existiera.

Fue una salida maravillosa. El topacio y las demás piedras preciosas reflejaban la luz del astro rey. Recuerdo perfectamente que la pared me hacia sombra a mi lado. En mi camino colina abajo divisé Terre Haute al mismo tiempo que los mundos del espíritu iban desapareciendo en el espacio infinito. En frente de mi estaban las torres de diferentes iglesias ofreciendo sus cúpulas al sol naciente.

Pude ver cuánto Dios ama a estas iglesias, Sus iglesias*. Esto me fue comunicado vía conocimiento, como si el Espíritu Santo me hablara desde mi interior. Desde entonces también yo he aprendido a amar estas iglesias; todos mis prejuicios se desvanecieron. Ahora puedo amar a todos los cristianos no importa la denominación a que pertenezcan.

A continuación vi las copas de los árboles, luego el hospital. Mis ojos podían ver a través de sus paredes como si fueran rayos láser penetrando por la materia. Al final de la sala distinguí el número de mi habitación, el 336. Vi la figura de un cuerpo sobre la cama con una sábana por encima.

En el descenso perdí velocidad y me paré al pie de la cama. Los rayos del sol me daban en la cara. Había partículas de polvo visibles por la luz. Misteriosamente la luz se me cambió en unas letras, tenían unas dos pulgadas de altura y oscilaban como si de un anuncio luminoso se tratara. Las letras parecían de marfil transparente dejando pasar los rayos de sol a través de ellas. Ya me hallaba de vuelta al hospital ahora y las letras se extendían por toda la pared y las ventanas. De alguna manera llenaban toda la habitación.

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá*."

Eran tan vivas estas palabras que parecían tener pulsaciones. Quería tocarlas.

Para lograrlo levanté la sábana que cubría mi cara. En aquel instante la Palabra de Dios se transformó en vida para mí. El calor de aquellas letras vivas fluía por en medio de mis dedos y subía por los brazos. ¡Me senté en la cama!

Ningún hombre puede decir que me sanó.

El Señor Jesús me sanó con su palabra*. (Salmo 107:20)

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Hacia unos días que el pastor Art me había leído esta parte de la Escritura de pie frente a mi cama. La promesa se hizo realidad. La esperanza vino a ser un hecho.

Mi padre quedó pasmado mirándome como quien sufriera un shock traumático. Me di cuenta de su presencia por un momento, porque todavía tenía mi atención centrada en aquella luz no terrenal que estaba en la habitación tratando de descubrir su origen.

Mis ojos se fijaron en la ventana. Fuera podía verse una hermosa vista, el verde césped de los jardines del hospital. Había estado demasiado enferma para disfrutarlo antes, demasiado absorta en los problemas de mi enfermedad para haberme dado cuenta de ello. Entonces vi otra escena curiosa. Un hombre negro, estaba transportando un cajón de refrescos para el hospital en su hombro. Nunca me había gustado la gente negra. Sin embargo ahora sentía que amaba a ese hombre. Dios continuaba su obra de sanidad en mí.

Finalmente vi a mi padre de pie al lado de mi cama. Todavía petrificado, demasiado sorprendido para decir algo, completamente inmovilizado para abrazarme, o para llorar de alegría.

Estaba como clavado en el suelo, como si se hubiera quedado mudo ante la majestuosidad de las maravillas de Dios ante sus ojos.

 
 

Una visita a la eternidad - Betty Malz

*hemos de recordar que los milagros no son privativos de ninguna religión; tampoco dependen de ningún ser externo a nosotros; pueden ocurrir en medios de cualquier religión. Estos tan solo significan que se nos da una nueva oportunidad para continuar y también significa que quien los recibe tiene algo importante que dar al Universo todavía

 

 

El ÁNGEL EN LA CALLE DESIERTA

 

Alejandro, el hijo de Angelina, de sólo dos años de edad, estaba muriendo. La Fiebre Escarlatina y el Sarampión estaban consumiendo su pequeño cuerpo. En esa época, el tener pocos recursos económicos hacían muy difícil la posibilidad de vacunación y las comunicaciones no eran lo que son ahora.

Esa noche y en su último intento por  buscar a un doctor, Angelina cargó a su hijo y caminó una gran distancia para encontrar un hospital. Las noticias no eran buenas. El doctor que examinó a Alejandro, le dijo a Angelina que no había nada más que hacer por el niño, que estaba muriendo y que lo mejor sería dejarlo en el hospital. El médico agregó que ella debería regresar la mañana siguiente a recoger el cuerpo.

El doctor la dejó con su hijo en el pequeño cubículo de examinación y fue a hacer los arreglos para llevarse al niño a otra parte del hospital.

En horror y sin pensarlo, Angelina tomó a su hijo en sus brazos, lo cubrió bien y dejó el hospital corriendo. El doctor la vio y trató de pararla con la ayuda de un guardia de seguridad, pero como solo una madre puede, ella los paró con la fuerza de su voz y de su desesperación. Les dijo que la dejaran pasar pues ese niño era su hijo y era su derecho llevárselo a su casa a morir. Ellos no se atrevieron a pararla.

Angelina podía sentir el peso de su hijo y mientras caminaba, pensó que tal vez el niño iba ya muerto, pero no se atrevió a parar y corroborar si esto era así por terror a lo que podía encontrar. Iba desesperada, en llanto y clamando a Dios.

Era casi la media noche y la calle estaba completamente desierta. No había edificios alrededor, nada que pudiera justificar la aparición súbita de una mujer caminando hacia ellos. Angelina había estado vigilante de sus alrededores para evitar algún peligro para ella y su hijo, y  estaba segura de no haber visto a nadie. Esta mujer tenía una piel muy oscura, su pelo era negro,  largo y muy mojado, parecía como si viniera directo de una ducha.

Esta señora se acercó a Angelina y le preguntó: “¿Llevas enfermo a tu hijo?” y antes de que Angelina pudiera contestar, la señora continuó: “Vete a tu casa, vístelo bien y ve a la casa de Doña Carmen. Ella te está esperando para ponerle una inyección a tu hijo”.

¡Angelina apenas podía entender! ¿Quién era esta señora? Y, ¿Cómo ella sabía sobre Doña Carmen, una señora de la vecindad que ponía inyecciones? Pero antes de que pudiera decir una palabra, la señora le dijo con urgencia: “Vete a tu casa. “ ¡Tu hijo va a vivir!”. Y sin más la señora continuó caminando y se perdió en la oscuridad.

Angelina se fue a su casa lo más rápido que pudo. Alejandro apenas estaba respirando y sus ojos no se abrían más. Ella pensó que no había esperanza, pero de todas formas hizo lo que la señora le había indicado. Llevó a su hijo a la casa de Doña Carmen, quien a las tres de la mañana, le abrió la puerta como si la hubiese estado esperando y su visita  a esa hora fuera de lo más normal y le dijo a Angelina: “Te estaba esperando, tengo la inyección lista para tu hijo”.

La inyección era algo que Angelina nunca había visto antes: la jeringa estaba hecha de vidrio y dentro se podía ver un líquido espeso con los colores del arcoíris. Doña Carmen le puso la inyección al niño y le dijo a Angelina: “Mañana me vas a traer a tu hijo para que yo le ponga la segunda y última inyección. Después de eso, él no necesitará nada más. Tu hijo va a vivir”.

Angelina no le creyó. Su hijo se veía tan mal, parecía casi muerto, por lo que ella en verdad no creyó que era posible que se salvara. Se llevó a su hijo a su casa en dónde solo su hermana esperaba ya que el resto de la familia con los demás niños se había ido temporalmente para evitar el contagio. Ellas pusieron a Alejandro en una cunita que tenían cerca de la cocina y la hermana de Angelina insistió en que Angelina tomara algo caliente. Ya iba Angelina de regreso a la cuna de su hijo con una taza de café en las manos, cuando escuchó: “Mama”. Ambas pararon lo que estaban haciendo y de nuevo escucharon: “Mama”. Corrieron a la cuna y allí estaba: Alejandro, sentado, con sus ojos abiertos y su piel sonrosada contrariamente a la palidez horrible que había tenido antes. Angelina lo tomó en sus brazos y él le pidió comida. ¡Antes, él no había podido ni tomar agua!

Cuando más tarde lo puso de regreso en la cuna y lo empezó a cubrir, Angelina encontró una pequeña pluma blanca entre las sábanas. Fue hasta ese momento en que ella se dio cuenta de que había sucedido un milagro de primer orden: ¡Dios le había enviado un ángel en forma de una señora desconocida y en forma de una inyección con los colores del arcoíris!  Angelina cayó de rodillas y le agradeció a Dios con todo su corazón.

A la mañana siguiente  Angelina llevó de nuevo su hijo a donde Doña Carmen y después de la segunda inyección, Alejandro se recuperó por completo.

Después de escuchar la historia de Angelina, me doy cuenta de que no es necesario que creamos en las Fuerzas Divinas para recibir su ayuda. Simplemente tenemos que estar dispuestos a seguir los pasos que increíblemente aparecen frente a nosotros y a pesar de nuestras dudas, nuestros temores, y nuestras creencias limitadas, nuestro trabajo es decir SI a la ayuda de los demás en cualquier forma que venga a nosotros. Cuando una cuerda aparece para salvarnos de ahogarnos, no es muy prudente parar a cuestionarla, hay que agarrarla con ambas manos y entregarnos. ¡Milagros nos esperan!

 
Yvonne - Tocando Cielo

 

 

 

ÁNGEL AL RESCATE
Tomado de Betty Malz – Ángeles a mi lado

 

  Jim y Ángela hicieron una pausa en su trabajo de renovación del segundo piso de su granja de Texas, justo a tiempo para ver a su hija de tres años de edad, apoyándose demasiado fuerte en el mosquitero de la ventana. Ángela abrió la boca para gritarle cuando vio que el mosquitero se dobló, y con un grito la indefensa niña cayó al vacío.

  Paralizados por el horror, ambos invocaron el nombre: “¡Jesús!”. Fue una oración, un grito que iba más allá de la terrible realidad de que Penny aterrizaría en el piso de concreto por debajo de la ventana. Casi pasando por encima uno del otro, los padres se apresuraron a bajar las escaleras y salir por la puerta principal.

  Su angustia se convirtió en asombro al encontrar a Penny sentada en el escalón inferior. Ángela lloró de alivio al verla y la abrazó fuertemente.

  “No te preocupes, Mami –dijo Penny-, el hombre grande me atrapó”. Jim y Ángela miraron a su alrededor, pero no vieron a nadie. ¿Qué hombre? ¿De dónde vino? ¿A dónde se fue? No había lugar en esa pradera de Texas para que alguien se ocultara.

  Todo habría sonado como un invento si no fuera por el hecho de que Penny estaba perfectamente bien. Cuando examinaron a su hija, no encontraron ni un rasguño o moretón. Ni siquiera lucía asustada por la experiencia.

  Después de discutir el increíble acontecimiento con otros miembros de la familia y con mi esposo, que era su pastor, Jim y Ángela fueron referidos a Isaías 63:9: “En toda angustia de ellos él fue también angustiado, y el ángel de su presencia lo salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, los levantó y los trajo”. Al parecer Dios sigue usando hoy a sus ángeles como lo hizo en los tiempos del Antiguo Testamento para rescatar a su pueblo, concluyeron.

  Si fue el ángel de la guarda de Penny, o un enviado por encargo desde el trono de Dios, no lo saben. Pero entendieron como nunca el significado de varios versículos, como: “Yo envío mi ángel delante de ti, para que proteja en el camino” (Éx. 23:20)

  Jim y Ángela no tenían la capacidad de salvar a su hija. Su única esperanza, expresada en una oración de sola palabra, fue que Jesús interviniera y protegiera a su hija de lesiones críticas, y posiblemente la muerte. Sólo él podía actuar por ellos, y de un modo instintivo, confiaron su hija a su cuidado.

 
 
 
 
LA LUZ DEL AMOR

 

  La luz del amor es más común de lo que pensamos.

 

Consideraremos a Chad y a Peggy Anderson, que un frío amanecer de sábado estaban ya junto a la cocina en su casa de Antioch, Illinois. Peggy, enfermera, debía entrar a trabajar en el turno desde las 7 de la mañana a las 3 de la tarde en el McHenry Hospital. Y, como bien sabe toda esposa que trabaja, levantarse, vestirse y salir lleva su tiempo. Cuando Peggy trabajaba en el turno de los sábados, Chad cuidaba a sus dos hijos, así como a dos niños pequeños que vivían con ellos. Ese día, al mirar hacia afuera, frunció el ceño y dijo:

 

-Está nevando, Peg

-No mucho –Peggy espió por la ventana de la cocina

-No… pero creo que deberías manejar el Lincoln en lugar de tu pequeño Chevette, por si acaso

-Bueno… -Peggy no estaba muy nerviosa por la nieve, pero el hospital estaba a treinta y cinco kilómetros de distancia y tenía que atravesar una ruta en zigzag, en gran parte rural. El automóvil grande sería más seguro, de modo que decidió seguir el consejo de Chad.

 

  El frío manto blanco hacía que todo se viera fresco y renovado y, aunque Peggy parecía la única en el camino, en realidad estaba disfrutando del viaje, hasta que llegó a una curva sobre un puente aproximadamente a 13 kilómetros del hospital. El pavimento cubierto de nieve estaba más resbaladizo de lo que pensaba y, con el pantano congelado a unos diez metros por debajo, Peggy trató de reducir la velocidad. Pero el auto grande patinó y giró 360 grados. Peggy se puso tensa y trató frenéticamente de recordar qué se suponía que debía hacer para enderezar un vehículo en esas condiciones. Pero era demasiado tarde. Había perdido el control, y el Lincoln iba a estrellarse contra la baranda del puente y caer al pantano. No había ningún otro lugar adonde ir. ¿Se ahogaría en una prisión de agua? Sus hijitos… ¿qué ocurriría con ellos? “Oh, Dios –exclamó cuando el Lincoln se dirigía hacia los postes-, ¡ayúdame!”

 

  No había otros vehículos a la vista, y las luces de Peggy seguían siendo la única iluminación. Pero, de pronto, en la semioscuridad del amanecer, un cálido brillo iluminó el interior del automóvil. Al mismo tiempo, Peggy se sintió inundada de una seguridad indescriptible. La luz le brindó calidez, la bañó de satisfacción, fue simplemente… algo celestial. Supo –sin saber exactamente cómo- que no había razón para temer.

 

  Y sí, el automóvil siguió andando, pero de algún modo se aproximó al final del puente sin chocar contra la baranda, rodó por la ladera de la abrupta zanja de diez metros que daba al pantano y redujo la velocidad al llegar a un pequeño claro. El coche se detuvo. La luz se apagó de inmediato.

 

  “Me quedé sentada, atónita, rezando y agradeciendo a Dios durante unos minutos –recuerda Peggy-. Luego salí y me dirigí al camino”.

 

  La ruta estaba todavía vacía, pero Peggy vio una casa –la única a la vista- toda iluminada y que parecía invitarla con su calidez. El hombre que vivía allí era extremadamente hospitalario y se mostró preocupado por la suerte de Peggy y su accidente. Ella telefoneó al hospital y a su marido, contándole la historia como si no pudiera creerlo ella misma. Chad envió una grúa y fue a rescatarla con el automóvil pequeño, lleno de niños… y de alegría.

 

  “Nunca antes me pasó algo así, y desde entonces no me ha sucedido nada tan maravilloso -dice Peggy, quien con su familia cría ahora ganado en una pequeña granja de Nebraska-. Pero la experiencia me dio una comprensión más profunda de lo que es la confianza absoluta en Dios”.

 

  Todavía le gusta contar a la gente la historia del día en que un ángel la encontró en un puente y le permitió una breve visión del cielo.

 

Tomado de “Por donde los Ángeles caminan”, de Joan Wester Anderson

 

 

 

  Cessna 180
 

Ayuda a una avioneta

 

  David Moore y su esposa, Florence, descubrieron en julio de 1971 que la madre de Florence estaba muriendo de cáncer. Los Moore vivían en la pequeña ciudad de Yoakum, Texas, pero comenzaron a viajar en auto ida y vuelta a Hendersonville, Carolina del Norte, para visitar a la mujer enferma. Después de uno de los viajes, David decidió dejar el automóvil en Carolina del Norte para que lo usara Florence y tomó el autobús de regreso a Texas.

  “Fue la peor idea que tuve en mi vida, dice riendo. ¡Cuarenta y seis horas viajando y escuchando el llanto de los bebés! Con nuestro presupuesto no podía pagarme un pasaje de avión, pero juré ir caminando si era necesario… ¡Cualquier cosa con tal de evitar el autobús!”.

  La semana siguiente, mientras David preparaba su maleta y hacía planes para ir en auto-stop a Hendersonville, Henry Gardner le llamó por teléfono. Henry se había enterado de los problemas de transporte de David y ofreció llevarle en su pequeño Cessna 180 y hacer un poco de turismo a la vez. David aceptó agradecido.

  David nunca había volado en un avión pequeño y se puso bastante nervioso cuando rodaba por la pista a la mañana siguiente. Pero la pequeña aeronave se elevó con suavidad y él se acomodó para hacerse cargo de las obligaciones de copiloto. A la media hora, sin embargo, cuando se acercaban a Houston, entraron en una zona de niebla.

  -No hay problema- le aseguró Henry a un David cada vez más nervioso, tenemos a bordo mapas de aviación y mira… puedes ver las torres de radio de Houston por encima de la niebla. Todo lo que tenemos que hacer es observar las torres y podemos determinar dónde estamos.

  Estaba en lo cierto; el viaje continuó. Pero la niebla empeoró y, justo en las afueras de Jacson, Mississipi, la radio y los instrumentos de control se apagaron. La pareja no podía ver nada en tierra y tampoco podían hablar con la gente de la torre de control.

  Cuando David estaba comenzando a desesperarse, la niebla se levantó por un momento y dejó ver el aeropuerto justo debajo de ellos. Henry comenzó a descender con suavidad y en pocos minutos encontraron ayuda mecánica en tierra. Aliviados, los dos hombres tomaron un almuerzo rápido y volvieron al aire, con los instrumentos y la radio reparados y los tanques de combustible llenos.

  Todo marchó sobre ruedas por un rato. Había salido el sol, y la tensión de David había disminuido. Comenzó a disfrutar del vuelo y de la visión de la tierra desde la perspectiva de un pájaro. Cuando se dirigieron hacia el noroeste, pudo ver Atlanta a su derecha. “Me estaba entusiasmando, cuenta David, al saber que pronto estaría de nuevo con mi esposa y mi hija”.

  Pero, cuando el avión pasó Greenville, Carolina del Sur, la niebla, que aparecía cada tanto, volvió a convertirse en una continua masa gris. Había suficiente visibilidad para que Henry sorteara la primera cadena de montañas, pero, cuando los dos miraron a la distancia, vieron un sólido bloque de niebla, y el corazón les saltó en el pecho. Henry llamó por radio al aeropuerto de Asheville pidiendo instrucciones.

  -Las pistas están cerradas por la niebla-, respondió el controlador aéreo, -y no tenemos capacidad de aterrizaje. Regresen a Greenville y aterricen allí-.

  -Pero no puedo, protestó Henry; casi no tenemos combustible… no llegaremos a Greenville-.

   Se hizo un silencio. Entonces oyó la voz de la radio que decía:

  -Okey. Prepararemos la cuadrilla de tierra. Bajen con el sistema de aterrizaje de emergencia-.

  David se aferró a ambos lados de su asiento. Parecían estar volando sobre una densa materia gris y la torre de control de Asheville no podía verlos de ningún modo. ¿Cómo iban a aterrizar? –Podemos usar los mapas de navegación, como hicimos antes- le aseguró Henry y, después de una breve mirada a las copias, comenzó su descenso a ciegas. La pista del aeropuerto debía estar debajo de ellos, pero, ¿y si no era así?

  De pronto se escuchó una voz en la radio:

  -¡Arriba! ¡Arriba!

   De inmediato Henry levantó la palanca. Al hacerlo, los hombres observaron una apertura en la niebla y la imagen que vieron debajo los hizo temblar de terror. En lugar de estar sobre la pista de aterrizaje estaban encima de una autopista interestatal. Si hubieran descendido algunos metros más, habrían chocado contra un puente y se habrían estrellado.

  Los dos se miraron. Casi no tenían combustible y dentro del gris de la niebla era imposible saber dónde estaban. Henry trató de descender de nuevo, pero casi golpeó unos árboles que asomaban en la niebla. Una vez más ascendió abruptamente. Parecía no haber salida para este dilema. Sin combustible suficiente, ni guía desde la torre de control, ¿cómo podrían aterrizar?

  Entonces, con tremendo alivio, escucharon la voz tranquila del controlador que rompía el tenso silencio de la cabina.

  -Por favor, si pueden oírme, dijo, los ayudaré a descender-.

  -Adelante-, respondió Henry por la radio.

  El controlador comenzó sus instrucciones.

  -Bajen sólo un poco- dijo; -Ahora un poco a la derecha. Bajen un poco más…-

  David se aferró a su asiento, rezando con todas sus fuerzas. Gracias a Dios, el controlador había sido capaz de detectarlos con el radar, a pesar de que el aeropuerto no tenía los instrumentos necesarios. Pero ¿Podrían aterrizar a tiempo? Parecía imposible. La aguja del combustible lindaba con el área que indicaba vacío, pero la voz siguió con calma y autoridad:

  -No tan rápido. Con suavidad, con suavidad, ahora…- ¿Iba a terminar de una vez esta pesadilla? ¿Volvería a ver a su esposa y a su hija?

  -Elévense un poco ahora. No, ahora estamos un poco a la izquierda.- El viaje parecía no tener fin. Pero de pronto el controlador dijo: -Están justo en uno de los extremos de la pista. Bajen ahora… ¡ya!-

  Obediente Henry soltó el avión a través de la niebla, y los dos hombres reconocieron el comienzo de una pista justo delante de ellos, con luces a ambos lados. Era la mejor imagen que podían haber visto. En pocos minutos tocaron tierra. Lágrimas de gratitud y alivio llenaron los ojos de David cuando vio a Florence al final de la pista.

  El avión traqueteó hasta detenerse y los dos hombres ofrecieron una rápida oración de acción de gracias. Luego Henry volvió a encender la radio.

  -Muchas gracias-, dijo al controlador aéreo con la voz sacudida por la emoción, -usted nos ha salvado la vida-.

  Pero la respuesta del controlador paró en seco a los dos hombres. -¿De qué está hablando? Perdimos el contacto radial con usted cuando le dijimos que regresaran a Greenville-.

  -¿Qué?- Preguntó Henry sin poder creerlo.

  -Nunca volvimos a saber de ustedes y nunca escuchamos que nos hablaran o que hablaran con alguna otra persona-, les respondió el controlador. -No podíamos creer cuando vimos que estaban atravesando las nubes.

David y Henry se miraron. ¿Quién los había guiado a través de la densa neblina gris hasta hallarse en tierra firme? Nunca lo sabrán con certeza. Pero, hasta el día de hoy, David escucha un avión y piensa en ese vuelo. “Ahora sé que, insignificante como soy en este mundo inmenso, Dios siempre tiene Sus ojos en mí. Me sostiene en medio de la tormenta y de la niebla”.

 

Tomado de “Por donde los ángeles caminan”, de Joan Wester Anderson
 
 
 
 
 

TESTIMONIO DE UN PASTOR CON SU ÁNGEL SENTADO AL LADO DE ÉL EN EL AUTO

 

Este es el testimonio de un joven pastor evangélico sobre el auxilio de su ángel.

 

“Era una noche fría en Gadsden, Alabama, y pese a la previsión del tiempo invernal, estaba entusiasmado con el viaje a las montañas para predicar en una reunión de las iglesias en el norte de Alabama.

 

El difunto Dr. Claude Rhea, que había cantado con Billy Graham, fue el invitado musical, y yo, con 29 años de edad, seguiría con el mensaje.

 

¡Qué fantástica oportunidad para un joven predicador! Mi esposa, Paulette, no estaba tan entusiasmada.

 

Ella me lanzó una mirada preocupada cuando me dio un beso de despedida. “Ten cuidado, cariño. Está nevando”, advirtió.

 

No era conocido por mis habilidades de conducción y fui consciente de su advertencia” .

“Mientras viajaba las 60 millas al norte por las colinas, me di cuenta de que la nieve comenzaba a pegarse a la hierba y los campos.

 
 

 Cuando me acercaba a la iglesia, la nieve había empezado a cubrir ya la carretera.

 

Sin embargo, para mi satisfacción, la iglesia estaba llena y el público estaba emocionado.

 

El Dr. Rhea dio un poderoso testimonio de su curación de cáncer y entregó una interpretación conmovedora del clásico de Gaither “He Touched Me” como broche final a su parte de la noche. A los habitantes de las montañas les encantó”.

 

“Agradecí al Dr. Rhea por su música y di una despedida rápida al pastor anfitrión, que estaba en su camioneta para regresar a casa.

 

Un hombre de la iglesia me preguntó si necesitaba alguna ayuda para salir de la montaña.

 

Con poca experiencia de conducción en hielo y nieve, yo jactanciosamente respondí: “Puedo manejarlo”.

 

Cuando comencé a andar por el estrecho camino, mi confianza pronto desapareció. La nieve lo cubría todo y la visibilidad era difícil .

 

“El coche empezó a patinar, y una frenada me deslizó dos veces 360 grados.

Me detuve justo en el borde de un terraplén empinado.

Finalmente, después de algún tiempo, logré que el coche girara en la dirección correcta, pero me di cuenta que estaba en problemas.

 

En ese momento empecé a orar y pedirle a Dios por ayuda.

 

Oí su voz hablar a mi espíritu: “Tu ángel está sentado a tu lado.”

 

“En este punto de mi vida el mundo sobrenatural era extraño para mí.

 

Miré hacia el asiento del acompañante y, para mi sorpresa, había un débil resplandor.

 

Al principio pensé que era simplemente un reflejo de la nieve, pero entonces mi espíritu de pronto se puso alerta y me di cuenta de que mi ángel estaba conmigo”.

 

“El Señor me habló otra vez y dijo: “Manda a tu ángel a que te ayude”*.

 

“Yo era ignorante en ese momento de la enseñanza bíblica sobre el ministerio de los ángeles:”

 

“Hablé con el ángel y muy tímidamente dije: “Ángel, ¿podrías ir afuera y ayudarme a no resbalar para llegar a salvo a casa?”

 

“No hubo respuesta audible del ángel, pero sabía que era seguro continuar. Así que puse el coche en marcha, y los neumáticos se agarraron a la carretera.

 

Con el débil resplandor ahora por encima del guardabarros derecho, salí de esa montaña sin otro deslizamiento .

 

“Cuando llegué a la carretera interestatal 59, la carretera que descendía estaba cerrada.

 

La policía estatal que había cerrado ese camino de la montaña me preguntó cómo lo había hecho. Murmuré: “El Señor me ayudó”.

 

“Cuando comencé a cerrar la ventana, dijo: “Todos ustedes tengan cuidado”.

 

“Miré a mi derecha, y por un instante vi la figura de una persona sentada en el asiento de al lado, el policía la había visto también. Hice el camino con seguridad llegando a casa con mi esposa, que había estado orando por mí”.

 

“¿Qué pasó en esa montaña?”

 

“Creo que uno de los ángeles de Dios salió del tiempo eterno a la dimensión terrenal para rescatar a un joven predicador asustado.

 

Esta no fue la primera vez, ni sería la última vez, que experimentaría esa presencia”.

 

“A medida que pasaron los años he tenido innumerables informes y experiencias con nuestro Señor y sus ángeles santos.

 

Avistamientos de ángeles han ocurrido en nuestros servicios en la Casa de Abba. Intervenciones angélicas se han manifestado en numerosas ocasiones”.

 
 
 
*es muy importante que pidamos ayuda, pues en otro caso los seres que nos pudieran haber ayudado no podrán hacerlo ya que hubiesen actuado sin respetar nuestro libre albedrío

 

 

También merecen destacarse los casos de curación por intervención de seres materializados como extraterrestres de baja estatura, con ojos almendrados y cabeza grande. He aquí el caso famoso de Andorra

 

  Un grupo de Extraterrestres, cura a cuatro niños con enfermedades terminales en Andorra en febrero de 2014

 

  Entidades extraterrestres están apareciendo en las salas de hospital de los niños que se encuentran en la fase terminal y que están a punto de morir;  irrumpen en el hospital y los  sanan completamente.

 

  Esta es la increíble relación de 14 médicos de gran prestigio y miembros del personal del Pirineo Hospital de Los Niños que han visto extraterrestres de 1.5 metros de altura, usando sus  "poderes"  con cuatro niños diferentes con enfermedades terminales.

 

  "No podía creer lo que veía", dijo la enfermera Lupe Montoya, que trabajaba durante la noche en la sala de oncología pediátrica durante la primera visita de los extranjeros. "Yo estaba rellenando informes cuando levanté la vista y vi dos pequeñas criaturas a medida que avanzan hacia mí por el pasillo. Al principio pensé que dos de los niños estaban fuera de sus camas, así que traté de traerlos de vuelta a sus habitaciones. Pero cuando me acerqué, vi que no eran humanos. Eran de un color marrón con grandes cabezas y ojos grandes y almendrados. No los vi como algo propio de este planeta. Yo tenía un poco de miedo porque  era una situación muy extraña, pero al mismo tiempo, sentí como si los ojos tan extraños de aquellos seres, estuvieran enviando  bondad, amor e inteligencia".

 

  La enfermera Montoya dice que las criaturas entraron en la habitación de Juan López (7 años), porque era la etapa final, que esperaba morir de leucemia en una semana. Alertó a los guardias de seguridad y al doctor Tomás Ruiz, que estaba cuidando a otro paciente.

 

  "Cuando entramos en la habitación del pequeño Juan, que estaba bañada en una luz brillante de oro", dice el doctor Ruiz, "los alienígenas estaban de pie junto a su cama. Parecía que había un vínculo místico entre ellos y el niño. Uno de los seres tocó suavemente delante de Juan con su largo dedo y él inmediatamente fue rodeado por un halo de luz. "

 

  Cuando los alienígenas abandonaron el hospital, los médicos le hicieron una radiografía y otras pruebas (hematología), pero Juan estaba completamente libre de cáncer,  ¡estaba sanado!  "Desde esa noche, María Muñoz, de 9 años, Anita Pena, 8, y Héctor Gómez, 9 - todos diagnosticados en enfermedades terminales -  también han sido atendidos por criaturas extraterrestres, y nada menos que 14 miembros del personal médico del hospital, han visto realizar curaciones milagrosas.

 

  "Hay un patrón en estas visitas", dice el doctor Ruiz,  "siempre se producen alrededor de las 01:00 de la noche y los extraterrestres siempre vienen en pares y siempre curan con un toque en la frente". 

 

  El Dr. Diego García, el famoso metafísico que está investigando avistamientos de extraterrestres desde hace 30 años, dice que la zona de los Pirineos también  ha sido conocida por una alta concentración de avistamientos de ovnis. "Siempre hemos creído que cuando finalmente los extraterrestres se revelen en la Tierra será principalmente un evento que se llevará a cabo en este sector. Tal vez ellos han comenzado a aparecer con este increíble gesto de buena voluntad ". 

 

 

 

 Reproche que se me hizo por este tipo de temática (de R.S.M.):

 

 Leí algunos relatos del más allá que mencionas en el Libertario pero parecen narraciones de novelas best seller no hay nada que sustente su veracidad u origen

 

Mi contestación:

 

  Yo sí creo.

  La mayoría busca las pruebas que les esconden quienes nos esclavizan incluso sin darnos cuenta la mayoría de nosotros de que se nos está esclavizando. Tiene que buscar uno por sí mismo las pruebas, pues en otro caso se quedará sin pruebas siempre, ya que se las esconderán siempre. 

 La ciencia nos embauca con que la mente resulta de la materia, cuando es justo al contrario, la materia es producto de la mente, y varios de los científicos de la física cuántica de vanguardia avalan lo que digo, y lo demuestran, aunque los demás científicos lo escondan muy bien. 

 

 Se trata de mantenernos encarcelados en la Matrix que entre todos nosotros creamos en base a las ideas que llevamos con nosotros.

 

 Las historias sobre ayuda del más allá están sacadas de varios libros y se recopilaron la mayoría de ellas de personas que quedaron maravilladas por el resto de sus días tras lo que vivieron. 

 

 La ciencia que dejan que nos llegue nunca nos mostrará un solo caso de estos, así como nunca nos mostrará que muchos pacientes (miles en realidad) estuvieron clínicamente muertos, en algún caso durante días, y volvieron a la vida. Para nuestra ciencia es imposible, pero ahí están casos bien estudiados y que maravillaron a los científicos no tan pillados por el sistema, tal como los de Rusia, con el caso de George Rodonaia, quien resucitó en la morgue tras haber estado varios días muerto y congelado; muchos médicos de Rusia se interesaron por este caso. Los médicos Occidentales nunca nos hablarían sobre algo así, pues dejarían en ridículo a su ciencia.

 

 Si en los casos en los que tienen registros de electroencefalograma plano por muchos minutos, en los que hubo vuelta a la vida con experiencias del otro lado, nos esconden los hechos y se inventan que es algo debido a la medicación o a la hipoxia, ¿Qué no inventarán cuando existe una gente que explica que tuvo una ayuda invisible aquí, en nuestro mismo mundo? Lo que harán será ocultar siempre, y a quien insista diciendo que tuvo una experiencia muy particular le internarán en hospitales psiquiátricos medicándole hasta que no pueda hablar; así los seguidores de la "ciencia" tendrán claro que nunca existió nada que nos haga pensar en algo más allá de lo que nuestros sentidos puedan ver y sentir o nada más allá de lo que nuestros aparatos puedan captar, y se lo creerán, a buen seguro esos seguidores.

 
 
 
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LOS GUÍAS ESPIRITUALES

Los guías espirituales son los seres que nos acompañan desde antes de nacer e incluso hasta después de que nos desencarnemos. Se los puede llamar así porque son quienes nos guían durante toda nuestra encarnación para que no perdamos el camino o nos ayudan a reencontrarlo si nos perdemos. Son ellos los que vienen susurrándonos en nuestro corazón desde siempre para que podamos tomar la decisión acorde al propósito de la vida que elegimos, pero que olvidamos al nacer en desconexión. Ellos nos hablan directamente a través de nuestro pensamiento, pero la intensidad de los mensajes depende de nuestra vibración y de cuánta tranquilidad haya en nuestra mente. Las personas que se dedican al arte, por ejemplo, al concentrarse en el proceso creativo suelen comunicarse de forma directa con sus guías, ya sea de manera consciente o inconsciente. Ellos susurran una melodía, una idea, un paisaje para pintar, etcétera.

Toda idea concebida en nuestra mente fue antes concebida en el Universo. Los guías, al igual que nuestro Yo Medio y el Superior, al estar conectados con la Fuente, nos recuerdan estas ideas, ya que el propósito de vida de la humanidad es bajar el Cielo a la Tierra a través de nuestras creaciones.

¿A quién no se le encendió alguna vez la bombilla con una idea brillante como surgida de la nada?  Ciertamente, podemos conectar con nuestros guías y nuestro Yo Medio-Superior de manera consciente a través de la canalización energética.

Podemos tener distintos tipos de de guías y también tener más de uno, incluso varios; ello dependerá del propósito de vida de cada alma (antes de nacer en la Tierra, el alma firma una especie de contrato con sus guías para que la acompañen, a veces durante varias encarnaciones). Ahora bien, es importante comprender que los guías no son seres superiores a nosotros, simplemente están en otro nivel de conciencia; y, al acompañarnos, también evolucionan en su proceso.

Para comunicarse con nosotros, los guías hacen un esfuerzo gigantesco, ya que tienen que bajar su vibración. Por eso, cuando logramos ser conscientes de su existencia les facilitamos el trabajo. Entonces se forma un lazo muy fuerte que nos cambia la vida instantáneamente. Recuerda: cuando das un paso hacia Dios, él da dos hacia ti.

El guía de la voluntad:

Este es el guía al que comúnmente conocemos como “ángel de la guarda”; nuestro guía más cercano. Por ser el guía más cercano a nosotros, es el más conocido. De hecho, casi todas las religiones, culturas y hasta los mitos hablan de él.

Este guía es el que se encarga de que no nos desencarnemos antes de tiempo. Así, cuando una persona muere, es porque su momento llegó; de lo contrario, el habría creado el milagro. ¿Quién no estuvo a punto de cruzar una calle cuando, de pronto, algo le frenó y, en ese mismo instante, pasó un auto a toda velocidad? Es muy común también oír o ver historias de accidentes automovilísticos en los que todo el vehículo quedó destruido excepto el lugar donde estaba la persona que salió ilesa. O también de esos incendios en los que mueren muchas personas pero otras, que estaban exactamente en el mismo lugar, se salvan inexplicablemente del fuego…

Ninguna alma se desencarna antes de tiempo.

El guía de la voluntad es el que nos acompaña al entrar en el cuerpo que crece dentro de nuestra madre y también es el que  suele venir a buscar el alma cuando deja el cuerpo para acompañarla a la Luz. Asimismo, es el que cuida nuestro cuerpo mientras realiza viajes astrales, es decir, cuando nuestra alma viaja por todo ese plano viviendo experiencias, él se ocupa de que ningún ser de baja vibración del plano astral entre en nuestro cuerpo.

Cuando necesitamos protección se la podemos pedir a este guía.

 

Los guías del amor:

Estos guías pueden ser uno o más, según el propósito de nuestra alma, e incluso pueden variar según el proceso que esté realizando la persona en su vida; por eso también se los llama “guías de misión” En este grupo de guías es muy común encontrarnos con almas afines, como por ejemplo, un familiar cercano o un ancestro.

Estos son los guías que nos aconsejan acerca de los procesos que vamos realizando día a día y es común que, si cambiamos de trabajo o de proyecto, se renueven.

 

El guía de la sabiduría y los registros akásicos

Este guía es el custodio de los llamados registros akásicos, una especie de fichero que contiene toda nuestra historia e información del alma desde sus comienzos. Allí está todo nuestro registro estelar y cósmico, todas nuestras experiencias pasadas y futuras; es decir, todos nuestros aprendizajes. Es por esto que este guía los custodia, pues poseen información muy valiosa para nosotros.

Sin su cuidado, no solo corremos el riesgo de que otros seres puedan utilizar nuestra información álmica, también puede ser que nuestro ego quiera averiguar cosas que todavía no le conviene recordar. Muchas veces, por ejemplo, queremos saber quiénes fuimos en otras vidas por el simple hecho de levantar nuestra autoestima; pero eso no es conveniente porque estaríamos cumpliendo con los caprichos del ego. Para sentirnos bien con nosotros mismos debemos trabajar aquí y ahora con las experiencias de esta encarnación. Sin embargo, si nos sentimos estancados y realmente no sabemos por qué, si tenemos una enfermedad y no comprendemos su origen o nos suceden experiencias kármicas fuertes que no comprendemos, entonces sí podemos pedirle a nuestro guía de la sabiduría que nos facilite la información que nos ayude a comprender.

Tengamos en cuenta que estamos en desconexión, sin recordar nuestras encarnaciones pasadas, porque es la ley que nos atraviesa en este momento. Es importante adaptarse a ella para poder realizar una reencarnación exitosa. Todo es perfecto siempre; si no recordamos es por algo. En la India se dice que, si pudiéramos recordar todas nuestras vidas pasadas, no podríamos vivir por el miedo o la ansiedad que nos generarían las experiencias que nos van a venir en el futuro.

No hace falta sanar la encarnación anterior, es mucho más fácil y efectivo analizar la relación con la familia actual y abrirse camino sin rencor, ira u odio, comprendiendo que todo lo que nos sucede en nuestras vidas habla más de nosotros que de los demás.

 

La luz de la conciencia – Lucas Cervetti
 
 

 

Nada hemos de creer ciegamente; hemos de tomar tan solo aquello que resuene con nosotros.

 

 Ni tan siquiera hemos de tomar a ciegas de la ciencia actual ni de aquello que se nos dice que es fruto de la investigación de un equipo científico. Son muchos los que han denunciado que la ciencia de hoy está tomada por los oscuros y que las conclusiones de las investigaciones en un buen porcentaje son falsas; una de las personas que denunció es Richard Horton, editor de la revista médica más prestigiosa sobre temas médicos: The Lancet; según este hombre, más de la mitad de las investigaciones científicas son falsas; lo afirmaba en el año 2015.

 

 En cuanto a casos de ayuda por seres de otras dimensiones, en caso de requerirse esta por no entrar ciertos acontecimientos dentro del marco más conveniente para el Universo, hemos de tomar también lo que resuene con nosotros, pues no podemos confiar en la ciencia para que se investiguen este tipo de casos* ni en las religiones, ya que todo ello está manejado por los mismos tras el telón.

 

 Por supuesto, existen casos sospechosos en los medios religiosos. Nunca tomaría como algo fiable si proviene de alguna secta que utiliza la religión para conseguir su auténtico fin: la dominación del hombre por el hombre a través de la riqueza y del poder, sirviendo para ellos la idea de Dios que nos presentan y de su cohorte como medio para captar incautos que, tras haber ascendido con mucho esfuerzo y tras darse cuenta de que realmente son sectas satanistas y de que las gentes de los niveles superiores son gentes  muy oscuras, les será ya muy difícil dar marcha atrás. Tal es el caso con la obra de "San Josemaría Escrivá”; aquí los casos de milagros y de ayuda del más allá es más que probable que sean falsos.

 

 Tan solo pretendo poner de relieve que no acabamos aquí y que hay mucho más reservado para cada uno de nosotros en dimensiones que no percibimos pero que están aquí y ahora y que alguien está tratando de cortar cualquier posibilidad de que nos demos cuenta de esas otras realidades; para ello utilizan muchos medios y entre esos medios están la ciencia** y las religiones.

 

 No hemos de dejar que nos empequeñezcan y hemos de conocer lo que podemos lograr como colectivo a través de nuestro inconsciente y lo que podemos esperar personalmente cada uno de nosotros en situaciones comprometidas o situaciones límite como pequeños hologramas que cada uno somos de ese ser al que llamamos Dios, el SER o el Todo. Todo es posible siempre. Nada está cerrado, a no ser que nuestra limitación en conocimiento nos lleve a creer lo contrario.

 

 

*cuando la ciencia está controlada por los oscuros esta mentiría siempre en estos temas
**existe una ciencia que nos está vetada, pero la manejan los oscuros también en sus proyectos
 

 

 Hemos de tener cuidado en cuanto a que nos presenten falsedades como historias verdaderas principalmente con los sacerdotes, imanes, etc.; actualmente al estar tomadas las religiones creo que no les interesa a estas gentes el presentarnos casos de ayuda del más allá al margen de los que ya nos han presentado en sus ‘falsas escrituras’, pues pronto se pondría en entredicho el que se niegue la Reencarnación; además veríamos casos que para los ‘sumos sacerdotes’ no deberían de haber sucedido debido a no estar consagrados los ayudados a la misma religión ni a su Dios o por no creer estos en Ángeles o en Cristos ni en Mahomas.

 

 Se hace merecedor de ayuda, al margen de que su Dios no tenga nombre o tenga un nombre u otro, todo aquel que sea un ser de bien y que pueda ser de ayuda a los demás en el futuro, por el hecho de que pudiera quedar inconclusa su misión debido a una incidencia.

 

 De nada sirve actualmente el que se crea en un Dios o en otro. La religión sirvió en tiempos pretéritos para sacarnos de un estado de brutalidad y marcarnos un camino; lo que hoy vemos, e incluso lo que vimos hace varios siglos, es la perversión de las religiones y de sus rituales. Todo ritual es perverso. Lo que sirve es lo que sale del corazón de cada uno de nosotros, lo espontáneo y lo que conlleva una emoción sana proveniente de la buena intención para con todo el mundo. En estos temas, lo planeado de antemano apenas tiene valor y menos aún si fueron otras personas las que planearon.

 

 Varias personas se dedicaron a recoger casos de intervenciones del más allá en Occidente, y la mayoría de ellas proviene de entornos ‘muy cristianos’; estas gentes han trabajado por altruismo y por amor a todos nosotros; no lo hicieron para engañarnos ni para sacar provecho personal ni material alguno.

 

 Gracias a estas personas nos han llegado algunos de los muchos miles de casos de una ayuda inexplicable desde nuestra comprensión limitada. No hay mala intención en la recopilación de estos casos que se nos entregan; estas personas no engañarían tal como lo harían gentes de organizaciones tomadas por la Oscuridad.

 

 Lo cierto es que actualmente la gran mayoría de nosotros nunca sospecharía que fue engañado por aquello en lo que más confiaba, la ciencia, y que el engaño no ha sido pequeño; tampoco sospecharía la mayoría de nosotros que fue engañado por las religiones en tan alto grado.

 

 Tan solo podemos confiar en nosotros mismos y en las gentes del pueblo que actúan o que actuaron siempre de buena fe, sin aprovecharse de los demás, alejados de toda secta o de agrupaciones; solo podremos confiar en gentes que actúen sin motivaciones ocultas y que lo hagan por amor y compasión hacia todos nosotros.

 

El Libertario

 
 
 
 
Traído del apartado "La ciencia del engaño":
 

Esta desinformación se basa en el control de las instituciones científicas, religiosas y universitarias, y sobre todo de los medios de comunicación, a fin de impedir la difusión de secretos ocultos o metafísicos  de las ciencias verdaderas. Si uno descubre algo realmente interesante, no tardará en desaparecer. Se concede el premio Nobel por una serie de detalles que permiten reforzar, aquí o allá, el edificio artificial de las ciencias oficiales. Los grandes investigadores están aislados y ya no tienen acceso a las publicaciones científicas. Ésta es por cierto una de las razones aducidas para justificar  la doctrina del trabajo científico en equipo. Fuera de un equipo de científicos bien organizados y bien financiados, nadie tiene ninguna posibilidad de que le presten oído. No obstante, es bien sabido que los grandes descubrimientos siempre se han hecho en solitario.

 
 
La conjura de los reptilianos – Frank Hatem 
 
 
 
 
 

 

 

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